sábado, 5 de diciembre de 2009

Despedidas

No me gustan las despedidas, en realidad nunca me han gustado, más aún si esa distancia superará la barrerá física de la vida.
Hoy me tocó enterarme por twitter de la muerte de mi profesora del Colegio ( una de las virtudes de las redes sociales que más me desagradó por tratarse de una persona muy especial).
Por esas casualidades de la vida ( y doy gracias de ello) estuve con ella hace tres semanas, después de no aparecerme por esa sala, por más de tres años.
Conversamos, citamos que expusiera a sus alumnos de cuarto medio sobre la belleza de al enfermería, vió como había crecido al desenvolverme con mucha más expertiz que cuando usaba zapatos negros bien lustrados.
Fue una mujer excepcional, buena madre, una excelente maestra, maternal, exigente y sé que cada uno de mis éxitos se los debo en parte a ella.
Mientras esperaba fuera de la iglesia, estaba fuerte, pero al entrar y recibir un fuerte abrazo de su marido ( el cual también fue mi profesor) y al escuchar sus palabras "mi niña, el otro día en la casa nos estuvimos acordando de ti" me quebré, fue inevitable y al recordarlo aún lo hago.
Me acerqué al ataúd a mirarla, pero no era ella, su frescura su magia, su sonrisa se había ido y preferí quedarme con el recuerdo de su voz dulce y tan de mamá que tenía, con sus abrazos suaves como el algodón, sus palabras, sus consejos.
Una de las cosas que más temo es a la muerte, pero no el no saber que pasará sino al vació y ausencia que queda, después que personas tan hermosas y valorables se van.
Ante situaciones como ésta nunca sé que decir y menos se fue algo tan abrupto e inesperado, sólo queda que sus más cercanos encuentren el consuelo en que tuvieron a una mujer maravillosa a su lado, ya hubiese sido esposa, madre o como en mi caso mi querida profesora.

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