domingo, 29 de noviembre de 2009

A lot like love

Enciendo un cigarrillo, en mi grooveshark coloco una canción que me recuerde a ti; aunque casi no es necesario, es mirar unas semanas atrás y ahí estás tú.
La química fue inmediata, conversamos horas y horas, nos conocimos mediante letras de colores y caritas amarillas para poner énfasis en ciertas cosas. De la letra pasamos a escuchar nuestras voces un rato y al cabo de unos días que sonara el teléfono y al otro lado estuvieras tú, se transformó casi en una obsesión.
La necesidad imperiosa de seguir comunicándonos, nos llevó a citar un encuentro, al cual iba muy nerviosa y se notaba al escuchar mi hablar rápido en tu auricular.
Llegaste retrasado y con una flor de papel de color mora en tus manos, nos dimos nuestro primer abrazo. Salimos a caminar entre el bullicio de tu ciudad y te pedí que nos sentáramos por ahí, para poder encender mi cigarrillo y de paso combustionar mis miedos.
Me llevaste perdida caminando por calles desconocidas, hasta que después de varias cuadras llegamos a un lugar tranquilo con árboles tapando ese sol molestoso que jugaba malintencionadamente con mis pupilas.
Las horas pasaron rápidamente y no me di cuenta, que después de evadir el contacto de tus manos, te besaba y tu lo volvías hacer.
Te miré con cara de babosa, tanto que no me di cuenta, que llegaba la despedida, prometí no involucrarme y me fuí, despidiéndome de ti con un escueto beso en la mejilla. Para mi ese había sido el todo y seguí mi camino.
Pasaron los días, semanas, y nos volvimos a ver, me perdí en tus ojos cuatro días, te besé me besaste, nos reímos, conversamos, nos volvimos a besar, nos acariciamos, nos abrazamos, caminamos juntos de la mano y más de una vez se me salió una frase melosa, esas del tipo que siempre quise evitar.
Y el pacto que ya habíamos roto, tomó su rumbo natural, nos despedimos... nos despedimos y es mejor nuestros labios no vuelvan a tomar contacto jamás.